presentación
LA BIBLIOTECA ESCOLAR: ¿TERRENO EDUCATIVO O TIERRA DE FRONTERA?
Glòria Durban Roca
Muchos son los esfuerzos y las acciones que desde distintos ámbitos se han llevado acabo para el desarrollo de las bibliotecas escolares en la última década. Diversos organismos de la administración pública así como asociaciones vinculadas al mundo educativo o bibliotecario han trabajado desde hace tiempo para establecer pautas y modelos para favorecer e impulsar este desarrollo.
Todas la iniciativas con independencia del origen de donde procedan merecen gran consideración ya que nacen de la voluntad explicita de mejorar una situación precaria y ayudar a impulsar la existencia de bibliotecas en las escuelas como verdaderos centros de recursos al servicio de la enseñanza y del aprendizaje.
Pero aunque las iniciativas sean diversas estas han de poder confluir. No puede plantearse la posibilidad de vincular la biblioteca a una “tierra de frontera”, territorio de todos y para todos cuando en este momento ya la encontramos claramente definida desde la administración educativa.
Lo que a primera vista podría ser fácil de abordar por estar bien definido, resulta dificultoso de implementar por la existencia de divergencias en los discursos. El camino que ha nacido único sutilmente se bifurca porque el concepto de biblioteca escolar es visualizado desde dos contextos diferenciados: la organización de la enseñanza y el sistema bibliotecario. Esta situación que nos abraza provoca confusión y desorientación en los agentes implicados (maestros y bibliotecarios).
Nadie se atreve a contradecir que la biblioteca escolar debe conceptualizarse como un recurso educativo porque es una evidencia que argumenta su desarrollo. Pero si analizamos a fondo los discursos en referencia a la biblioteca escolar elaborados por los distintos ámbitos _educativo y bibliotecario_ las mismas palabras presentan significados o lecturas sutilmente distintas pero extremadamente opuestas.
Desde el sector bibliotecario _ y las Directrices para la biblioteca escolar de la IFLA/UNESCO son muestra clara y representativa de ello_ se están desarrollando iniciativas y acciones que desprenden un modelo de biblioteca escolar desarrollado como servicio bibliotecario cuya vinculación con la práctica educativa pasa necesariamente por un proceso de integración. Así pues las criticas o reclamaciones que se realizan por la situación desencajada que la biblioteca presenta están dirigidas al sistema escolar por ser incapaz de gestionar esta integración que la biblioteca merece. No se visualiza la cuestión pensando que igual es el modelo el que no encaja.
La gestión de los recursos y la elaboración de servicios y programas para su uso fundamentan la existencia de la biblioteca. Al mismo tiempo la integración curricular requerida para poder justificarla se vincula con la necesidad que el equipo docente colabore en el desarrollo de las acciones de la biblioteca. A su vez el bibliotecario escolar se configura como el único agente especialista en información en el centro y responsable _en consecuencia_ de la formación de los alumnos en estas cuestiones. A él se le asigna la elaboración de programas formativos propios y desde la biblioteca.
De manera paralela la administración educativa en diversas instancias _ Ministerio, administración autonómica o asociaciones de maestros_ presentan un modelo claro y definido de biblioteca escolar fundamentado en sus posibilidades pedagógicas como herramienta y recurso de gran utilidad. Se están llevando a la práctica pausadamente en España políticas específicas en pro de la biblioteca escolar que son ejemplos claros que muestran como a pesar de la existencia de ciertas deficiencias, es posible avanzar proporcionando estabilidad a la implementación de la biblioteca escolar.
Estas políticas y la creación de estructuras fijas para su desarrollo con equipos de profesionales que dan apoyo a los centros desde los servicios centrales educativos o los centros de profesorado de manera más próxima, son las que permiten definir con firmeza y claridad los agentes responsables de su implementación, sus funciones y sus competencias.
La biblioteca es pues reconocida desde este ámbito como una herramienta educativa de gran valor que debe _ella y su uso_, estar integrada en el proyecto curricular y educativo del centro, convirtiéndose en activo que favorezca los procesos de enseñanza-aprendizaje y apoye la labor docente. En consecuencia se contempla la necesidad de desarrollar acciones bibliotecarias de organización y gestión de los recursos al mismo tiempo que la puesta en marcha de ciertos servicios y programas.
Pero hay una diferencia clara que estriba en que estas acciones siempre han de estar pensadas como una consecuencia de la función de apoyo que asume la biblioteca al desarrollo del proyecto de centro y de los contenidos curriculares de las diferentes áreas, dando respuesta a necesidades generadas en el aula. El maestro bibliotecario es pues un profesional que colabora con el profesorado configurándose un referente a quien acudir para las cuestiones relacionadas con la lectura y la competencia informacional siempre desde la corresponsabilidad.
Al mismo tiempo, en este modelo, se contempla la biblioteca escolar como un agente de compensación social que puede ofrecer a todos los alumnos del centro la posibilidad de acceso igualitario a la información, la educación y la cultura. En este sentido la apertura fuera del horario escolar de las bibliotecas supone un valor relevante que requiere de un servio para atender la biblioteca.
Hay que valorar que la importancia concedida a las bibliotecas escolares por parte de la administración educativa queda reflejada en la Ley Orgánica de Educación (LOE) que pone de manifiesto la atención prioritaria que los poderes públicos han de prestar al fomento de la lectura y al uso de las bibliotecas escolares como factores que favorecen la calidad de la enseñanza. Se vincula la práctica de la lectura y el aprendizaje de la competencia informacional como contendidos educativos esenciales que requieren y justifican el uso continuado de la biblioteca.
El artículo 113 menciona expresamente que las bibliotecas escolares contribuirán a fomentar la lectura y a que el alumnado acceda a la información y otros recursos para el aprendizaje de todas las materias y pueda formarse en el uso crítico de los mismos. Asimismo señala que la organización de las bibliotecas escolares deberá permitir que funcionen como un espacio abierto a la comunidad educativa de los centros respectivos.
Hay que considerar que el Ministerio de Educación y Ciencia puso en marcha en el año 2005 un programa dirigido a las Administraciones educativas de las Comunidades Autónomas para la mejora de las bibliotecas escolares. Este programa ha supuesto importantes aportaciones económicas y ha favorecido que las Comunidades Autónomas aportan a este fin cantidades similares.
Por otra parte, la Ley Orgánica de Educación en los artículos 89 y 90 señala la posibilidad que el Ministerio de Educación y Ciencia establezca premios y concursos de carácter estatal destinados a centros escolares y poder reconocer y premiar así la labor didáctica o de investigación de profesores y equipos docentes en la cuestión. En este sentido el Ministerio de Educación convoca un Concurso Nacional de Buenas Prácticas a la dinamización e innovación de las Bibliotecas Escolares.
Pero todas estas acciones que se están realizando desde la administración educativa parece que no han conseguido la suficiente visibilidad en el ámbito bibliotecario para que derive en él, el reconocimiento que el desarrollo de la biblioteca escolar está vinculado a un terreno educativo y que éste dispone de profesionales preparados para tal encomienda.
El sector bibliotecario debería reconocer que la biblioteca escolar ha de ser un recurso de gran utilidad, más que un servicio, para la práctica educativa, especialmente en la enseñanza-aprendizaje de las competencias básicas que despliega el nuevo marco curricular. En consecuencia son prioritarias y nucleares todas las acciones encaminadas a desarrollar e impulsar en los centros el uso de la biblioteca como entorno de aprendizaje y lectura por parte del profesorado. Esta función es claramente competencia de la administración educativa por estar vinculada a los elementos que configuran la organización de los procesos de enseñanza-aprendizaje.
Al mismo tiempo es urgente para ganar en comprensión mutua tender puentes de colaboración con el ámbito bibliotecario para vincular la comunicación y trabajar en la construcción de un discurso común vinculado a la necesidad real de encajar la implementación de la biblioteca escolar como recurso y no como servicio.
El ámbito bibliotecario puede y debe hacer una gran aportación al sector educativo para ayudar en los aspectos relacionados con la gestión de los recursos y la implementación de servicios en la biblioteca escolar, pero siempre en función de las necesidades que los responsables de los programas del desarrollo de bibliotecas escolarles determinen. Hay que avanzar en esta dirección.
A su vez la administración educativa debería afianzar más sus acciones para ayudar a los centros de manera un poco más efectiva pues actualmente las políticas de cada una de las Comunidades Autónomas no son homogéneas y se precisan acciones que aseguren más estabilidad a este impulso ya iniciado.
Porque necesitamos que la biblioteca escolar no sea visualizada en “tierra de frontera” vulnerable y sometida a diversas consideraciones sino que pueda erguirse de forma clara y definida en terreno sólido. Debemos trabajar para conseguir que la interseccion de las acciones que los distintos ámbitos _educativo y bibliotecario_ llevan acabo en ella, no vaya en detrimiento de su desarrollo sino en pro de su crecimiento. Todas las ayudas y soportes procedentes de bibliotecarios y documentalistas serán bien recibidas siempre que ayuden a fortalecer esta visión, procurando alimento y sumando esfuerzos para que esta semilla que ha sido plantada en el terreno educativo fructifique.
Directrices para la biblioteca escolar de la IFLA/UNESCO (2002).
http://www.ifla.org.sg/VII/s11/pubs/sguide02-s.pdf
Convocatoria del concurso de buenas prácticas de bibliotecas escolares. Abril 2009-05-22 http://www.boe.es/boe/dias/2009/05/13/pdfs/BOE-A-2009-7999.pdf